Il quaderno / Racconto
Il cappotto sulla porta
Una scena di finzione intorno a Modo avión.
Sarelunia infila una mano nella manica sbagliata e rimane così per un momento, con il cappotto storto. Sul tavolo, lo schermo si illumina di nuovo. Non riesce a leggere il messaggio.
Dal piano di sotto arriva l’inizio di una canzone. Cerca le chiavi sotto una rivista, spegne lo schermo e chiude la porta. L’ascensore tarda. Lei scende per le scale, ancora alle prese con la manica.
I testi originali dell’album. Apri un brano per leggerlo.
Modo avión+
Tu nombre en la pantalla.
Mi abrigo en el portal.
Dos y pico en la cocina,
tu «qué tal» sin contestar.
Un vaso deja una luna
sobre el borde del cristal.
Me abrocho mal el abrigo.
No lo vuelvo a comprobar.
Las llaves hacen ruido,
la calle suena detrás.
Se me engancha la manga
y me río sin pensar.
Pongo el móvil en modo avión,
que esta noche no aterrice tu nombre.
Hoy no te mando mi ubicación,
que me encuentre la canción.
Si me ves bailar, déjame bailar,
que no pare por hablar.
Modo avión, modo avión.
No me bajes de aquí.
Tu reflejo en cada vaso
dura lo que dura un flash.
Se me escapa media frase,
la otra media ya vendrá.
Con el pelo entre los labios
me despisto un poco más.
Hay una canción que empieza
y me sé la mitad.
La otra mitad, la otra mitad,
la canto como salga.
Pongo el móvil en modo avión,
que esta noche no aterrice tu nombre.
Hoy no te mando mi ubicación,
que me encuentre la canción.
Si me ves bailar, déjame bailar,
que no pare por hablar.
Modo avión, modo avión.
No me bajes de aquí.
Si mañana suena tu nombre,
si mañana vibra igual,
hoy la noche está en el aire.
Ya veremos al bajar.
Pongo el móvil en modo avión,
que esta noche no aterrice tu nombre.
Hoy no te mando mi ubicación,
que me encuentre la canción.
Si me ves bailar, déjame bailar,
que no pare por hablar.
Modo avión, modo avión.
No me bajes de aquí.
Modo avión, modo avión.
No preguntes dónde estoy.
No era para tanto+
Dos entradas.
Las ocho y diez.
Tu «ya voy» en la pantalla,
mi reflejo en el café.
Se enfrió hasta la cuchara.
Te esperé, te esperé.
Luego tu voz tan tranquila:
perdona, se me olvidó.
Se me olvidó, se me olvidó.
Qué fácil te sale a ti.
Doblo la entrada en cuatro.
No sé qué hago aquí.
Dices que no era para tanto.
Dímelo otra vez.
Si era tan poca cosa,
¿por qué me quedé?
No era para tanto,
eso lo dices tú.
Dos entradas en la mano
y toda la ciudad azul.
Una esquina, dos llamadas,
alguien viene al fin.
La entrada que sobraba
ya no habla de ti.
Me prestaron un jersey;
huele a lluvia todavía.
Tu «se me olvidó»
lo dejé junto al café.
Hay un charco en la acera.
Lo salto sin querer.
Dices que no era para tanto.
Dímelo otra vez.
Si era tan poca cosa,
¿por qué me quedé?
No era para tanto,
eso lo dices tú.
Dos entradas en la mano
y toda la ciudad azul.
La noche dobla la esquina.
El papel se vuelve piel.
Me preguntan si hace frío.
Ni siquiera sé.
Dices que no era para tanto.
Dímelo otra vez.
Si era tan poca cosa,
¿por qué me quedé?
No era para tanto,
eso lo dices tú.
Dos entradas en la mano
y toda la ciudad azul.
No era para tanto.
Dímelo otra vez.
La última luz+
Desde aquí te veo.
No te vayas aún.
La casa se queda quieta,
tu sombra mueve el portal.
Tengo las ganas descalzas
y la chaqueta sin atar.
Desde abajo haces un gesto.
Ya voy, ya voy.
Ponte algo, baja ya.
Llevo el pelo como salga.
La puerta se cierra sola.
La noche me queda larga.
Apaga la última luz,
baja, que la calle gira.
Hoy me quedo donde tú
te hayas dejado la risa.
Apaga la última luz.
No me busques todavía.
Tengo un poco de azul
en la punta de la lengua.
Doblamos por la tienda,
el toldo gotea sal.
Tú te ríes de una frase
que no sé cómo acabar.
Una mesa junto al ruido.
No me quiero sentar.
Ponme esa, ponme esa,
la que empieza por el final.
Se me encienden los zapatos.
Hoy no sé caminar.
Apaga la última luz,
baja, que la calle gira.
Hoy me quedo donde tú
te hayas dejado la risa.
Apaga la última luz.
No me busques todavía.
Tengo un poco de azul
en la punta de la lengua.
Y si vuelve aquel silencio,
que nos encuentre después.
Tu risa cruza la mesa.
La sigo sin saber.
Apaga la última luz,
baja, que la calle gira.
Hoy me quedo donde tú
te hayas dejado la risa.
Apaga la última luz.
No me busques todavía.
Tengo un poco de azul
en la punta de la lengua.
Apaga la última luz.
No me busques todavía.
Fotos que no borré+
Buscaba otra foto.
Y apareciste tú.
La cocina era pequeña,
cada silla de un color.
Nos tapábamos la boca,
golpeaban el balcón.
Tú cortada por el borde,
yo saliendo del encuadre.
Ahora vives a seis horas,
a seis horas de aquí.
En la foto estás tan cerca
que me vuelvo a reír.
Guardo las fotos que no borré,
donde salimos fatal.
Tú con los ojos cerrados,
yo a punto de tropezar.
No quiero volver a ese año;
te quiero volver a ver.
Guardo las fotos que no borré.
Te ríes desde el papel.
Las cajas de tu casa,
mi taza en tu salón.
La veo en una esquina
y me hace gracia el color.
Me preguntas cuándo llego.
No he mirado ni el reloj.
A seis horas, a seis horas,
a una foto de aquí.
He guardado la más tonta,
la que te hace reír.
Guardo las fotos que no borré,
donde salimos fatal.
Tú con los ojos cerrados,
yo a punto de tropezar.
No quiero volver a ese año;
te quiero volver a ver.
Guardo las fotos que no borré.
Te ríes desde el papel.
No recuerdo quién la hizo.
No recuerdo qué mes fue.
Hay un dedo sobre el cielo.
Ahí sigues, donde te dejé.
Guardo las fotos que no borré,
donde salimos fatal.
Tú con los ojos cerrados,
yo a punto de tropezar.
No quiero volver a ese año;
te quiero volver a ver.
Guardo las fotos que no borré.
Te ríes desde el papel.
Que salga movida.
No la borres después.
Piso sin ascensor+
Cuarto piso.
Ya te abrimos.
Subes con la cena
y el jersey mal anudado.
Desde el segundo suena
lo que nadie ha terminado.
Pon tu abrigo donde quepa.
El mío ya se ha caído.
Hielo, hielo, queda hielo.
La ventana dice que no.
Apartamos otra silla.
Dale un poco al altavoz.
En un piso sin ascensor
nos quedamos a bailar.
Cuatro sillas, cinco nombres,
siempre cabe alguien más.
Si se acaba la canción,
que la siga el ventilador.
En un piso sin ascensor
nadie mira el reloj.
Los zapatos bajo el mueble,
tus calcetines sin par.
Tú me enseñas unos pasos,
yo te saco de compás.
En la foto sólo el techo.
Qué manera de bailar.
Hielo, hielo, queda hielo.
No te sientes todavía.
La de antes, la de antes,
que me sé la melodía.
En un piso sin ascensor
nos quedamos a bailar.
Cuatro sillas, cinco nombres,
siempre cabe alguien más.
Si se acaba la canción,
que la siga el ventilador.
En un piso sin ascensor
nadie mira el reloj.
Hay un plato en el sofá,
media luna en el fregadero.
El vecino da dos golpes.
Le contestan desde el suelo.
En un piso sin ascensor
nos quedamos a bailar.
Cuatro sillas, cinco nombres,
siempre cabe alguien más.
Si se acaba la canción,
que la siga el ventilador.
En un piso sin ascensor
nadie mira el reloj.
Cuarto piso.
¿Quién ha puesto esta?
El audio de las tres+
Son las tres.
Hola, otra vez.
Digo hola a la encimera,
mi voz vuelve del cristal.
Una frase, otra frase,
ninguna quiere acabar.
El dedo sobre la pantalla.
La cocina empieza a zumbar.
La taza se queda fría.
La línea sigue azul.
Hay un segundo vacío
y el hueco lo llenas tú.
El audio de las tres
no te va a llegar.
Lo dije todo a la pantalla
sin saber cómo acabar.
Tu nombre, otra vez,
dando vueltas por aquí.
El audio de las tres
se queda conmigo aquí.
Tu camiseta en la silla,
la silla donde caí.
Digo que pasé por tu calle.
No digo que te vi.
Una cucharilla al fondo
hace ruido por mí.
Hola, hola, otra vez.
Así no quería empezar.
Hay un segundo vacío.
Lo dejo respirar.
El audio de las tres
no te va a llegar.
Lo dije todo a la pantalla
sin saber cómo acabar.
Tu nombre, otra vez,
dando vueltas por aquí.
El audio de las tres
se queda conmigo aquí.
Si me escucho ahora,
sueno lejos de mí.
Le doy vuelta a la taza.
No doy vuelta a ti.
El audio de las tres
no te va a llegar.
Lo dije todo a la pantalla
sin saber cómo acabar.
Tu nombre, otra vez,
dando vueltas por aquí.
El audio de las tres
se queda conmigo aquí.
Hola, otra vez.
Son las tres y diez.
Domingo de mentira+
Otra taza.
¿Te la pongo igual?
Tu chaqueta en la silla
parece querer quedarse.
Has venido por un rato.
La tarde no lo sabe.
Recojo un plato despacio,
tu mano roza mi mano.
Se enfría el café.
Se nos pega la tarde.
No mires la hora aún.
Tu chaqueta puede esperarte.
Hagamos un domingo de mentira,
aunque mañana haya que madrugar.
Deja la chaqueta en esa silla;
todavía no te tienes que marchar.
Tu autobús pasa en diez minutos.
El siguiente también va a pasar.
Domingo de mentira.
Reloj, no mires más.
La conoces, la conozco,
ponla otra vez desde el principio.
La ventana está de lado,
la ciudad suena bajito.
Se me olvida la pregunta
cuando te acercas un poquito.
Se enfría el café.
Deja que se enfríe.
Te has sentado en el suelo.
Ya no cabe más tarde.
Hagamos un domingo de mentira,
aunque mañana haya que madrugar.
Deja la chaqueta en esa silla;
todavía no te tienes que marchar.
Tu autobús pasa en diez minutos.
El siguiente también va a pasar.
Domingo de mentira.
Reloj, no mires más.
Otra vuelta, otra vuelta.
Una manga por doblar.
Tu autobús dobla la esquina.
No lo vamos a alcanzar.
Hagamos un domingo de mentira,
aunque mañana haya que madrugar.
Deja la chaqueta en esa silla;
todavía no te tienes que marchar.
Tu autobús pasa en diez minutos.
El siguiente también va a pasar.
Domingo de mentira.
Reloj, no mires más.
Otra taza.
Te la pongo igual.
Aquí me quedo+
¿Puedo entrar?
Pasa, pasa.
Harina sobre tus manos,
la radio fuera de tono.
Dejé el bolso en cualquier parte,
te apoyaste en mi hombro.
Una manga arremangada,
la otra casi en el pan.
Me acercaste un vaso de agua.
No supe por dónde empezar.
La radio se quedó sola.
La dejamos sonar.
Aquí me quedo,
donde puedo hablar bajito.
Donde no hace falta estar bien
para hacerme un sitio.
Si me ves callada,
déjame un momento.
Aquí me quedo.
Se me hace tarde de nuevo.
Partes el pan con las manos,
me guardas el primer trozo.
Digo algo, digo poco.
Se me queda entre nosotros.
En la silla de al lado
se ha dormido mi abrigo.
Me acerco un poco a la mesa.
La taza ya no hace ruido.
Todo el día dando vueltas.
Aquí el mundo va despacio.
Aquí me quedo,
donde puedo hablar bajito.
Donde no hace falta estar bien
para hacerme un sitio.
Si me ves callada,
déjame un momento.
Aquí me quedo.
Se me hace tarde de nuevo.
Afuera cambian los semáforos,
tu ventana sigue igual.
Las llaves están en el suelo.
Ahora no las voy a buscar.
Aquí me quedo,
donde puedo hablar bajito.
Donde no hace falta estar bien
para hacerme un sitio.
Si me ves callada,
déjame un momento.
Aquí me quedo.
Se me hace tarde de nuevo.
Aquí me quedo.
Deja esa luz encendida.